Querida familia,
Espero que esta carta los encuentre con buena salud. Aquí todo marcha como debe. El trabajo es constante, pero estoy bien y bien cuidado. No deben preocuparse por mí.
Les envío esta fotografía para que puedan ver dónde paso mis días. La máquina es grande, más de lo que imaginé al llegar, pero ya me he acostumbrado a sus sonidos y a su silencio. Uno aprende a vivir entre el metal y las sombras. Aquí casi todo son letras y números en un mapa; uno aprende a no preguntarse demasiado qué hay detrás de cada cuadrante.
No es más que un tiempo que debemos atravesar. Las cosas cambiarán, como siempre lo hacen. Cuando todo esto termine, volveré a casa y podremos reírnos de estos días como de un recuerdo lejano.
Cuídense mucho. No piensen demasiado en mí. Estoy fuerte y cumplo con mi deber.
Con cariño,
—